domingo, 24 de noviembre de 2013

Este joven inventó un sensor de papel capaz de detectar en cinco minutos tres tipos de cáncer: el de páncreas, el de ovario y el de pulmón.

(A esta edad ha sabido "bien usar" Internet)
A los 15 años, Jack Andraka, un estudiante estadunidense de secundaria, logró un descubrimiento que podría afectar a la millonaria industria del cáncer.

Nacido en Crownsville, Maryland, este joven inventó un sensor de papel capaz de detectar en cinco minutos tres tipos de cáncer: el de páncreas, el de ovario y el de pulmón.

Lo más increíble es que esta prueba tiene un costo de 3 centavos de dólar, es 26 mil veces menos caro, 168 veces más rápido, 400 veces más sensible que los métodos actuales para detectar el cáncer y además no es invasivo.

“Pero lo mejor de todo es que se puede detectar el cáncer en las etapas más tempranas, cuando alguien tiene casi 100 por ciento de probabilidades de sobrevivir, y hasta el momento es más de 90 por ciento exacto para detectar el cáncer”, dijo al presentarse en el Festival de las Mentes Brillantes.

Andraka consideró que una vez que este sensor, de patente en trámite, entre al  mercado, los índices de supervivencia del cáncer de páncreas, que actualmente son de 5.5%, podrían pasar a casi el 100%.

“Y va a ser lo mismo para cáncer ovario y de pulmón”, agregó, “y cambiando el anticuerpo, este mismo invento puede utilizar una proteína diferente para detectar Alzheimer, otras formas de cáncer o VIH”.

Sin embargo, reconoció que su invento aún podría tardar entre 5 ó 10 años en lograr los permisos para comercializarse en Estados Unidos, debido a las restricciones legales que existen en ese país para este tipo de tecnologías.

Al presentarse como ponente en la Ciudad de las Ideas, el joven, quien actualmente cuenta con 16 años, narró que fue cuando uno de sus familiares murió de cáncer de páncreas, cuando se interesó por investigar sobre esta enfermedad.

Con información que obtuvo de Google y Wikipedia, Andraka estudió las 8 mil proteínas que se encuentran en el torrente sanguíneo, hasta entender que una de ellas, la mesotelina, se dispara en etapas tempranas, en la sangre de las personas que enferman de cáncer de páncreas.

Recordó que fue cuando estaba en una clase de biología, en la secundaria, cuando tuvo una “epifanía” para dar con la forma de detectar esa proteína.

La mecánica fue utilizar anticuerpos y entretejerlos en una red de nanotubos de carbono, de modo que se obtiene un marcador que únicamente reacciona a cierta proteína, explicó.

“Tan sencillo como hacer galletas de chocolate chip”, resumió.

De 200 solicitudes que envió a laboratorios de universidades, recibió 199 rechazos y sólo la Universidad de Johns Hopkins se interesó en apoyar su proyecto.

Andraka habló sobre los obstáculos a los que se enfrentan los jóvenes que se interesan en la ciencia, debido a que una gran parte de los materiales sobre investigaciones no son accesibles para la mayoría.

“El mundo de la ciencia debería ser tan accesible como el mundo de la cultura pop, como una canción que puedes comprar en un centavo”, dijo.

Agregó que incluso se puede considerar que existe una “aristocracia del conocimiento”, si se toma en cuenta la limitante de que millones de habitantes en el mundo no tienen acceso al internet.

Apuntó que la ciencia no debería ser un lujo, debería ser un derecho humano fundamental, “el derecho de acceso a la información debe ser de todos, no sólo de los que pueden pagar”.

“Las ideas no discriminan, las grandes ideas pueden llegarle a cualquiera, incluso a un chico de 15 años que está en su clase de biología, entonces ¿por qué habríamos de discriminar en el acceso al conocimiento?, porque piensen ustedes si un chico de 15 años, que no sabía lo que era el cáncer de páncreas, puede encontrar una manera de diagnosticar el cáncer de páncreas, imagínense lo que podemos hacer todos juntos”, finalizó el joven que fue ovacionado por los asistentes.

Este investigador “amateur” del cáncer ha ganado el premio Gordon E. Moore de la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Intel y el Premio Smithsoniano al Ingenio Estadounidense y es el orador más joven de la Real Sociedad de Medicina en Estados Unidos.
Fuente: Revista Proceso.

A los 15 años, Jack Andraka, un estudiante estadunidense de secundaria, logró un descubrimiento que podría afectar a la millonaria industria del cáncer.

Nacido en Crownsville, Maryland, este joven inventó un sensor de papel capaz de detectar en cinco minutos tres tipos de cáncer: el de páncreas, el de ovario y el de pulmón.

Lo más increíble es que esta prueba tiene un costo de 3 centavos de dólar, es 26 mil veces menos caro, 168 veces más rápido, 400 veces más sensible que los métodos actuales para detectar el cáncer y además no es invasivo.
“Pero lo mejor de todo es que se puede detectar el cáncer en las etapas más tempranas, cuando alguien tiene casi 100 por ciento de probabilidades de sobrevivir, y hasta el momento es más de 90 por ciento exacto para detectar el cáncer”, dijo al presentarse en el Festival de las Mentes Brillantes.
Andraka consideró que una vez que este sensor, de patente en trámite, entre al mercado, los índices de supervivencia del cáncer de páncreas, que actualmente son de 5.5%, podrían pasar a casi el 100%.

“Y va a ser lo mismo para cáncer ovario y de pulmón”, agregó, “y cambiando el anticuerpo, este mismo invento puede utilizar una proteína diferente para detectar Alzheimer, otras formas de cáncer o VIH”.

Sin embargo, reconoció que su invento aún podría tardar entre 5 ó 10 años en lograr los permisos para comercializarse en Estados Unidos, debido a las restricciones legales que existen en ese país para este tipo de tecnologías.

Al presentarse como ponente en la Ciudad de las Ideas, el joven, quien actualmente cuenta con 16 años, narró que fue cuando uno de sus familiares murió de cáncer de páncreas, cuando se interesó por investigar sobre esta enfermedad.

Con información que obtuvo de Google y Wikipedia, Andraka estudió las 8 mil proteínas que se encuentran en el torrente sanguíneo, hasta entender que una de ellas, la mesotelina, se dispara en etapas tempranas, en la sangre de las personas que enferman de cáncer de páncreas.

Recordó que fue cuando estaba en una clase de biología, en la secundaria, cuando tuvo una “epifanía” para dar con la forma de detectar esa proteína.

La mecánica fue utilizar anticuerpos y entretejerlos en una red de nanotubos de carbono, de modo que se obtiene un marcador que únicamente reacciona a cierta proteína, explicó.

“Tan sencillo como hacer galletas de chocolate chip”, resumió.

De 200 solicitudes que envió a laboratorios de universidades, recibió 199 rechazos y sólo la Universidad de Johns Hopkins se interesó en apoyar su proyecto.

Andraka habló sobre los obstáculos a los que se enfrentan los jóvenes que se interesan en la ciencia, debido a que una gran parte de los materiales sobre investigaciones no son accesibles para la mayoría.

“El mundo de la ciencia debería ser tan accesible como el mundo de la cultura pop, como una canción que puedes comprar en un centavo”, dijo.
Agregó que incluso se puede considerar que existe una “aristocracia del conocimiento”, si se toma en cuenta la limitante de que millones de habitantes en el mundo no tienen acceso al internet.
Apuntó que la ciencia no debería ser un lujo, debería ser un derecho humano fundamental, “el derecho de acceso a la información debe ser de todos, no sólo de los que pueden pagar”.

“Las ideas no discriminan, las grandes ideas pueden llegarle a cualquiera, incluso a un chico de 15 años que está en su clase de biología, entonces ¿por qué habríamos de discriminar en el acceso al conocimiento?, porque piensen ustedes si un chico de 15 años, que no sabía lo que era el cáncer de páncreas, puede encontrar una manera de diagnosticar el cáncer de páncreas, imagínense lo que podemos hacer todos juntos”, finalizó el joven que fue ovacionado por los asistentes.

Este investigador “amateur” del cáncer ha ganado el premio Gordon E. Moore de la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Intel y el Premio Smithsoniano al Ingenio Estadounidense y es el orador más joven de la Real Sociedad de Medicina en Estados Unidos.
Fuente: Revista Proceso.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

La Maestra

Su nombre era Maestra Laura. Mientras estuvo al frente de su clase de 5º grado, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentira.

Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño llamado: Carlitos.

La Maestra Laura había observado a Carlitos desde el año anterior y había notado que él no jugaba muy bien con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y constantemente necesitaba darse un buen baño.
Carlitos comenzaba a ser un tanto desagradable. Llegó el momento en que la Maestra Laura disfrutaba al marcar los trabajos de Carlitos con un plumón rojo haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en
la parte superior de sus tareas.

En la escuela donde la Mestra Laura enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño, ella dejó el expediente de Carlitos para el final.

Cuando ella revisó su expediente, se llevó una gran sorpresa. La Profesora de primer grado escribió: "Carlitos es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales... es un placer tenerlo cerca".

Su profesora de segundo grado escribió: "Carlitos es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil".

La profesora de tercer grado escribió: "Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. El trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas".

Su profesora de cuarto grado escribió: "Carlitos se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela.

No tiene muchos amigos y en ocasiones duerme en clase".

Ahora la Maestra Laura se había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos les llevaron sus regalos de Navidad, envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Carlitos. Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento que él había tomado de una bolsa de papel.

A la Mestra Laura le dio pánico abrir ese regalo en medio de los otros presentes. Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con solo un cuarto de su contenido.

Ella detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca.

Carlitos se quedó ese día al final de la clase el tiempo suficiente para decir:

Maestra Laura, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá".

Después de que el niño se fue ella lloró por lo menos una hora..

Desde ese día, ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir.

En lugar de eso, comenzó a educar a los niños. La Maestra Laura puso atención especial en Carlitos. 

Conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él respondía más rápido.

Para el final del ciclo escolar, Carlitos se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase y a pesar de su mentira de que quería a todos sus alumnos por igual, Carlitos se convirtió en uno de los consentidos de la maestra.

Un año después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Carlitos, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida. Seis años después por las mismas fechas, recibió otra nota de Carlitos, ahora escribía diciéndole que había terminado la preparatoria siendo el tercero de su clase y ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cuatro años después, recibió otra carta que decía que a pesar de que en ocasiones las cosas fueron muy duras, se mantuvo en la escuela y pronto se graduaría con los más altos honores. Él le reiteró ala Maestra Laura que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida y su favorita.

Cuatro años después recibió otra carta. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado un poco, la carta estaba firmada por El Doctor Carlos se habí
a convertido en uno de los mejores neurocirujanos más jóvenes y con futuro brillante.

La historia no termina aquí, existe una carta más que leer, el Doctor Carlos ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse.

Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a la Maestra Laura si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio, por supuesto la Maestra acepto y adivinen...

Ella llega usando el viejo brazalete y se aseguró de usar el perfume que Carlitos recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo y el Dr. Carlos le susurró al oído, "Gracias Maestra Laura por creer en mí. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia"

domingo, 3 de noviembre de 2013

Día de Gracias en Pinilla

Un día muy especial y entre gente muy querida de nuestro pueblo.
¡Para completar un deleite de Migas y Gachas derrochando sabor!
Ganadores del concurso de Migas:
Primer Premio: Ramona Ligero.
Segundo Premio: Gracia Morales.
Tercer Premio: Trinidad López.
El Premio Memorial Lucio Morales a las migas mejor picadas 
del Grupo Folclórico Manantial del Vino para: Lucinio Benito