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martes, 15 de marzo de 2011

Carta a mi hermana

Son muchos recuerdos, anécdotas, experiencias, juegos, luchas, sueños, hábitos, alegrías, sorpresas, tristezas que vienen a mi mente en este momento que decido al fin hacer real este pensamiento y anhelo  de escribirte… Mi querida “manita” como aprendimos a llamarnos mutuamente desde pequeñas…. Cuanto te quiero querida hermana, cuanto te aprecio, cuanto te admiro y que orgullosa me siento de tenerte.
Celebramos (yo, en la distancia) tu cumpleaños, tres décadas y un poco +, y me parece que fue ayer, cuando comíamos juntas en la cocina, cuando compartíamos  la misma habitación, cuando íbamos juntas al colegio, a casa de abuelita Francisca  o a casa de algunas de nuestras tías, cuando íbamos juntas al catecismo, cuando inventamos nuestro propio lenguaje mudo, cuando juntas hacíamos las labores de la casa (tu mas que yo), cuando corríamos jugando al escondido o al pañuelo o pisé en la plaza,...
¿Te digo la verdad manita?, lo que más admiro de ti, en todo este tiempo, es  tu gran capacidad de soportarme, con tanta paciencia, cariño, silencios, obediencia, y muchas veces, hasta con admiración, pese, a las veces que te hacía pasarlo mal. Manita, no sé, si como tu única hermana, y además, la mayor, te supe dar el mejor ejemplo mientras estuvimos juntas, no sé, las veces que herí tus sentimientos, porque, no sólo no me daba cuenta, sino, porque, de una u otra forma, lo llevabas muy bien y lo disimulabas con empatía, es más, la palabra disimular no va contigo, estoy convencida de que lo ignorabas, no le dabas mayor importancia a tantas tonterías de una hermana, que te trataba como una segunda mamá. Pero, por otra parte, si de consuelo te sirve, te comento que en ningún momento, fue fácil asumir esa responsabilidad que delegaban (indirectamente), nuestros padres en mi.  Papi y mami, debían trabajar muchas horas al día y tu eras mi gran tesoro que cuidar
Te pido perdón por las veces que me porté muy dura, al menos ten presente que no lo hacía con mala intención. Después de llegar del cole, eran muchas horas juntas, donde me invadía la premura de que no te sucediera nada malo.  Me hubiese gustado, ser mas tu amiga, que tu segunda madre, pero gracias a Dios, aún no es tarde, con el pasar del tiempo, y a pesar de la distancia, poco a poco  lo estamos consiguiendo. 
Gracias Manita por tu cariño,  por tu docilidad, por tu bondad y sobre todo por el gran amor que me tienes y que se deja ver en tus oraciones, llamadas, emails, cartas, videoconferencias, chat, postales, regalos, vídeos, fotos, expresiones de aliento, nobles deseos, oportunos consejos, tu constante y bien cuidado esmero en mantenerme actualizada de todo lo que ocurre a diario en nuestra enorme familia y país. (¡Que esfuerzo y que constancia!)
Hoy reflexiono, y me doy cuenta de que muchas de tus actuaciones son reflejos de nuestra convivencia diaria. Muchas de tus expresiones de  rostro, la forma de expresarte al escribir o hablar, el empeño por hacer las labores, con  ideas especiales -fuera de sí- , el esmero que pones en tus clases de catequista, ( fíjate ya tienes mas de 20 años dando clases de catecismo, y aún continúas preparando los temas con ideas innovadoras), la forma como cuidas de tu casa y de tus niñas (mis bellas sobrinas),  y la entrega esmerada, que pones cuando te toca trabajar fuera de casa, etc. A lo largo del tiempo veo crecer en ti quizá en nosotras- los ejemplos que nos dieron y nos siguen dando nuestros queridísimos padres,  pues, algo  nos queda  de tanto tiempo juntas. compartido día a día, hora a hora, inclusive de los momentos amargos  que también nos ha tocado compartir, también, de estos no tan gratos recuerdos, hemos sacado provecho para el hoy en día.
Feliz cumpleaños de nuevo querida manita, y que Dios siga llenando tus días, de salud y alegrías.  Por favor,  dile “no” al desánimo y a la tristeza, cuando llamen a tu puerta, recuerda siempre tus raíces y pon en tus retoños los sabios principios de trabajo, entusiasmo, alegría y perseverancia que vemos en la figura de nuestros padres, pero sobretodo, el Gran amor a Dios, de donde emanan las auténticas fuentes de paz, alegría y amor.  
No olvides nunca que esta hermana tuya, todos los días eleva  al cielo un pensamiento por ti y tu familia, que no podrá evitarte el sufrimiento en la vida, pero si bridarte cuando lo quieras, un apoyo incondicional, ya no quiero darte más lecciones, solo quiero que me veas como una amiga, y ya para finalizar, me abrazo a ti en la distancia, para decirte o mejor, para recordarte, que “te quiero y te amo” con todas las fuerzas de mis entrañas. Con las palabras que nos enseñaron nuestros abuelos y padres, herencia de nuestro noble país, despido esta carta, pero ahora lo digo con todo mi corazón : ¡Que Dios te bendiga!.
Tu manita,  María.

2 comentarios:

  1. Sin palabras he quedado, al leer estas líneas,palabras profundas que reflejan la realidad que ambas sentimos mutuamente, el tiempo no pasa en vano,soy parte de tu cosecha...Gracias infinitas doy a Dios por mis padres y por ti hermana, pese a cualquier circunstancia sigo dando gracias gracias...Todo se puede en Cristo quien nos fortalece.

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  2. TU SIN PALABRAS, Y YO LLORANDO COMO TONTA...POR QUE EL AMOR QUE USTEDES REFLEJAN Y TRANSMITEN SE HACE GIGANTE CADA DIA MAS..Y HACE ME PREGUNTE? CUAL ES EL SECRETO QUE HACE QUE SIENTAS TANTO AMOR Y PREOCUPACION POR LOS DEMAS...Y SABEN DESPUES DE PENSAR TANTO CUAL RESPUESTA ENCONTRE?CONOCER UNA FAMILIA QUE CON SUS DISFUNCIONES O PERFECCIONES, SON LO MEJOR QUE E PODIDO CONOCER Y CONSERVAR.....PRIVILEGIO PARA QUIENES LES CONOCEMOS...A LOS 4.. GRACIAS INFINITASSS

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